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Llevando el uniforme

  • 23 abr 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 10 mar

Cada vez que pasa un militar sin importar qué rango tiene, muchos se le quedan viendo, asumen varias posturas, una es que quizás hay un cuartel o base militar cerca, otra que donde hay uno es muy posible que hayan otros, también se pone tenso el ambiente ya que si por conocimiento previo han habido conversaciones o situaciones complicadas entre gobiernos, existe una mínima posibilidad de guerra, entre otras presuntas suposiciones.


Un uniforme da la certeza de armas cerca, de entrenamiento, de fuerza, de fidelidad, de lealtad, de autoridad, incluso de conflicto, pero hay algo muy particular en aquel uniforme, y es esa pregunta que surge de inmediato: ¿A qué ejército pertenece? , eso cambia completamente la perspectiva y de hecho en caso de peligro o tensión con otro, incluso enemigo, este uniformado transmite seguridad, refugio, protección.


Por eso es muy importante saber que en este mundo caminan dos ejércitos totalmente contrarios, uno el de las tinieblas, conformado por principados, potestades y huestes de maldad, y el otro, el ejército del reino de los cielos, conformado por una sola cabeza, con toda autoridad y poder y soldados que siguen sus instrucciones.


Unos hacen parte de los enemigos de Dios y los otros son los amigos. Unos son oscuridad, caos e iniquidad y los otros luz, paz y obediencia.


No es una batalla entre el bien y el mal. Es sólo un ejército luchando en sus fuerzas a pesar de estar vencido, contaminando todo lo que tocan y trayendo muerte, condenación y luto a quién decide dejarse seducir por los deleites del mundo, y el otro ejército está simplemente resistiendo, firme, de pie ante el otro y de rodillas ante su Señor quién los mantiene a salvo hasta el dia final.


Por qué no se acaba todo y ya? Para qué más espera si ya uno ha sido vencido, porque a pesar de que muchos se dejan llevar por la seducción del mundo, aún no son condenados por la misericordia de ser rescatados. Su verdadero Señor aún no los ha olvidado.


Los que son de la luz, no flaquean ni desmayan pero porque son sostenidos por la mano poderosa, son escondidos en el refugio eterno, son alimentados aún en el desierto, y son sanados aún a pesar de haber sido derribados.


No confían en si mismos, siempre piden consejo, no se duermen mientras están en guardia y jamás se olvidan de un soldado hermano, relevan a los cansados y dan la vida por los amigos. Llevan su armadura puesta de día y de noche y jamás andan solos. Algo que tienen claro es que nunca, nunca callan acerca de Aquel que les reclutó ni niegan el Nombre de Aquel que les salvó. Y cada día pelean contra si mismos en busca de apartarse para su gobierno, evitando inmiscuirse en los negocios de este mundo, con el único objetivo de agradar a quién les llamó. Se parecen a los atletas y los agricultores, pero de esos te hablo en otra nota. Por cierto, y tú, qué uniforme llevas?



Por Victoria Arias

@365NotasDeAmor


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2 Timoteo 2:4-7 RVR1960



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