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EL ANCLA

15 sept
2 min de lectura

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos8:38-39 https://bible.com/bible/149/rom.8.3es


¿Qué es un ancla? Claramente esta comparación es asombrosa, pues al divisar un ancla sabemos que es instrumento de las embarcaciones para sujetarlas a tierra firme aun en lo profundo, disminuye la velocidad de la nave, impide que las olas o los vientos sacudan más agrestemente el barco y ciertamente su tamaño aunque parece insignificante comparado con la nave tiene la forma perfecta y la capacidad para servir de freno y agarrarse tan firmemente evitando un choque.


Este capítulo nos habla de la esperanza y como al ser una realidad de algo que ya es pero aun no pasa dándonos certeza del deseo divino del Padre para con nosotros y asi darnos fuerzas para seguir y no solo es una visión de algo probable o que se alberga en el alma para satisfacer el deseo meramente humano. Aquí habla de esa esperanza como Cristo mismo, y a Cristo como el ancla que se plantó en el lugar perfecto.

Cuántas veces en medio de una voraz tempestad y el brusco movimiento de tu propia barca ante los problemas externos que el mundo trae a tu vida y los internos que nacen de la mente que no confía, y debido a la insertidumebre es mas fácil no creer, es mejor dejarse confundir pero las escrituras nos muestran a un Dios fiel y que no es mentiroso, aquí se nos dice que la salvación es segura y nuestra ancla para llegar a ella es Cristo.

Un ancla puede sujetar a tierra, da esperanza de tierra abajo de nave, da esperanza de vida, avisa que ya no está tan profundo y da la medida casi exacta de la distancia de la superficie a la tierra, un ancla aligera la carga, anuncia una pronta llegada a casa.


Al ser Cristo nuestra ancla, nos evita tambalear o ser sacudidos mas allá de lo necesario, no impide la tempestad pero nos sujeta fuerte aun en medio de ella; nos estabiliza y nos permite saber que estamos en la presencia de Dios Padre pues Jesús al morir en la cruz por nuestros pecados, convirtiéndose en el último cordero, en el último sacrificio en altar, transformándose en altar mismo, rompe el velo que impedía acercarnos confiadamente al trono de la gracia y nos pone aun en medio de la tribulación delante del Padre con la gracia que nos reviste al ser el mismo Cristo nuestro anfitrión. Y nos abre la puerta de nuestro verdadero hogar.

Cuando nos sujetamos a El viene la confianza y aunque las circunstancias nos sean contrarias, vemos más allá de nuestros ojos naturales y divisamos nuestra salvación.


Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo. Hebreos 6:18-19


Por Victoria Arias

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